En mi ejercicio como abogado son muchos los casos que atiendo que con una consulta a tiempo se podrían haber solucionado o no causado problemas. Una consulta previa a la decisión es fundamental para cambiar las cosas, ya que una vez tomada sin el asesoramiento oportuno lleva a los clientes a un sinfín de quebraderos de cabeza y noches de insomnio y preocupaciones.

Es muy típico en las películas del mundo anglosajón y sobre todo en Estados Unidos la frase de: “hablaré con mi abogado”. En dichos países las familias suelen tener un profesional del Derecho de su confianza, una especie de Abogado de Cabecera, por hacer un símil con nuestro médico de familia. Esta forma de actuar, les reporta la tranquilidad de saber que lo que hacen está refrendado por un profesional y que en el futuro no les va a causar problemas innecesarios y evitables.

Seguridad, tranquilidad y éxito

Sin embargo, en nuestra cultura, a los abogados se recurre una vez creado el problema. Esto implica, ya no solo un mayor gasto por las gestiones a realizar sino un mayor desgaste psicológico y emocional para quien sufre la situación conflictiva. Aunque hay excepciones, la mayoría de las veces sucede así. Puedo dar Fe de muchos clientes que me han comentado “ojalá hubiera venido antes”. Y normalmente esto ocurre porque ven los honorarios del abogado como un gasto y no como una inversión en seguridad, tranquilidad y éxito en sus decisiones.

Tengo unas máximas que transmito a mis clientes: “si vas a estampar tu firma en algún documento, consulta a tu abogado”, “si tienes que tomar una decisión importante que va a afectar a tu vida, consulta a tu abogado”.

A fin de cuentas para eso estamos, para dar tranquilidad, seguridad y éxito en cada una de las decisiones importantes de nuestros clientes.

 

Manuel Izquierdo Yago

Abogado

Colegiado del ICAV 13.273