Los abogados escribimos muchos artículos sobre la figura que más claramente escenifica una ruptura de pareja: el divorcio. Y lo solemos hacer desde un punto de vista legal, normativo, de procedimiento, de coste económico. Pero hay un aspecto que el abogado debe tener siempre en cuenta al acompañar a un cliente en un proceso de familia: sus emociones.

No concibo mi acompañamiento y mi trabajo en estos casos sin la comprensión de lo que está sintiendo mi cliente. Los procesos de familia están ligados a una gran carga emocional y eso con independencia de las causas que lo motiven o de quien tome la decisión de acabar con la relación. De hecho, aún cuando los dos integrantes de la pareja deciden poner fin de mutuo acuerdo a su historia en común, esas emociones se viven y sienten con intensidad, pues hay que cerrar ciclo y decidir sobre diversos aspectos de la vida en común que ahora dejan atrás.

Escuchar y comprender

Las emociones deben vivirse y expresarse para que puedan fluir e ir sanándose y mucho más en procesos de familia. Aunque no somos psicólogos ni terapeutas, los abogados debemos estar abiertos a escuchar al cliente desde la compresión del “tsunami emocional” por el que están pasando.

Las reacciones, como humanos que somos, son muy similares en todas personas y en los divorcios se pasa por fases de ira, enfado, depresión, no-comprensión de lo que se está viviendo, tristeza, baja energía, melancolía, miedo al futuro, fracaso, cansancio, decaimiento y, en algunos casos, somatizaciones e incluso enfermedades (normalmente leves).

Sino todas, muchas de estas sensaciones en mayor o menor intensidad, se experimentan al pasar por un divorcio. Y conocerlas y aceptarlas como parte del proceso es fundamental para poder pasar a un estado de tranquilidad y paz interior, una vez procesado todo lo vivido y resuelto el duelo que toda pérdida implica.

Finalmente, aunque como ya he dicho no somos ni terapeutas ni psicólogos, los abogados que llevamos casos de familia tenemos la obligación de conocer y de ser sensibles, sin perder nuestra objetividad, a estas emociones de nuestros clientes y tener las herramientas básicas necesarias para poder acompañarlos, no sólo jurídicamente sino también emocionalmente, en todo su proceso.

Manuel Izquierdo Yago

Abogado del ICAV

Colegiado 13.273