Las acciones que cualquier empresa realice van a comunicar y deben estar en consonancia con la filosofía de la organización, por ello, es clave atender a una estrategia comunicativa para aportar el valor diferencial.

Para ello, las empresas tienen que cuidar tanto la comunicación interna, es decir, aquella destinada a los propios trabajadores, como la externa, aquella dirigida al público exterior. Aunque se cae en el error, hay que dar la misma relevancia a ambas porque la comunicación interna es igual de trascendental que la externa. Un empleado satisfecho que hable bien de su empresa se va a convertir en un buen comunicador externo.

Es fundamental contar con un gabinete de comunicación, ya que a través de sus profesionales se va a gestionar toda la información, es decir, la imagen y los valores que se van a transmitir de la misma. Dentro de la actividad de la entidad, los eventos juegan un papel fundamental. Pero los eventos, al igual que otras formas de comunicar, también han evolucionado.

Cuando una empresa quiere llevar cabo un evento, ya no puede pensar en el participante como un asistente pasivo. Ahora, el participante es el protagonista y, por lo tanto, para que conecte con el mensaje que la empresa quiere transmitir nuestro invitado tiene que convertirse en activo.

Formatos más participativos

El desarrollo de las redes sociales, donde la participación es lo más importante; el avance de las nuevas tecnologías; y, el creciente deseo de la sociedad en mostrar sus opiniones y gustos ha obligado a las empresas a renovar formatos mucho más participativos y que permitan transmitir a los asistentes una experiencia memorable, que no les dejen en la indiferencia.

Todo comunica, desde el protocolo hasta el lugar elegido, los detalles, la creatividad e incluso el catering. Por lo tanto, tiene que cuidarse al detalle. Los asistentes tienen que vivir una experiencia inolvidable, para que hablen de ella antes, durante y después del evento.

Es fundamental crear expectación antes del evento, anunciar qué van a encontrar los participantes, sin desvelar lo importante. Durante el evento, como si de una novela se tratara, tiene que haber introducción, nudo y desenlace. Y también, después del evento, hay que seguir creando noticias, como por ejemplo recuerdos del mismo o información complementaria.

Todas estas experiencias que se van a vivir antes, durante y después del evento tienen que compartirse. El cliente invitado a nuestro evento es el protagonista y, por ello, a través de redes sociales, tiene que mostrarse y compartirse. Siguiendo estas pautas y con una buena dosis de creatividad, siempre en consonancia con lo que la empresa quiere comunicar, el éxito estará garantizado.

Susi Subiela

Comunicación. Gestora de contenidos. Social Media. Community Manager.